Después de cuatro días bajo la máquina de coser - haciendo y rehaciendo, dibujando y desdibujando, puntada a puntada y patrón a patrón - Mr. Fox estuvo por fin terminado. Me sentía algo culpable. Al fin y al cabo tuve que corregir muchos errores que de haber estado más atenta podría haberle ahorrado. Pero él comprendió perfectamente mi proceso de aprendizaje y a penas se quejó. Bastante menos de lo que yo me hubiese quejado en su situación.
- Pídeme lo que quieras - Le dije.
- Quiero conocer mundo.
Yo le miré sorprendida. Esperaba que me pidiese un sombrero o, tal vez, calcetines, pero no esperaba tener que organizar un viaje para un muñeco de tela. Pensé largo rato.
- No te puedo llevar muy lejos. Tengo mucho trabajo y estoy algo cansada por todo lo que he acumulado en las dos últimas semanas. Pero creo que no nos vendría mal pasar un fin de semana fuera. ¿Qué te parece Asturias? ¿Oviedo? Creo que no voy allí desde hace 10 años.
Lo primero que hizo al llegar al hotel fue subirse a la cama. Después de un rato recostado con los ojos cerrados me hizo saber que el colchón y las almohadas eran de su gusto, y que él dormiría al lado derecho.
¿Qué quieres hacer ahora? Me respondió que debíamos empezar el día con un buen desayuno en alguna terraza soleada. ¿Cómo un zorro tan pequeño puede comerse un croissante tan enorme?
- Ahora quiero pasear. Ver los lugares típicos, alguna exposición. Busquemos la estatua de Woody Allen.
- ¡Qué zorro más cultereta! ¿Y no prefieres parar por alguna sidrería, probar el chorizo o comer moscovitas?
- Hay tiempo para todo. Soy un zorro abierto a todo tipo de ambientes y situaciones nuevas.
- Y ahora al Naranco - Me dijo.
- Allí tiene que hacer frío.
- Puedo soportarlo. Te hablaré del Prerrománico.
- Está bien. Pero ponte bien la bufanda. No quiero que te resfríes, estornudes fuerte y se te rompa alguna costura.
Mr. Fox sonrió de una forma extraña.
Miramos Oviedo desde arriba. Discutimos un minuto sobre el centro comercial nuevo y nos quedamos en silencio un buen rato, con el viento a la espalda.
- ¿Te ha gustado el viaje, zorro?
- Es una ciudad bonita.
Yo sonreí. Ahora estaba en paz con Mr. Fox y podía volver tranquila al trabajo. Él, para entretenerse, podía leer mis libros. Le miré y alcé la mano para acariciarle una oreja. Pero me detuve en el aire.
- Y ahora, ¿a dónde vamos? - preguntó Mr. Fox.
Aún no consigo explicar cómo un zorro de tela, con cuatro días de vida, podía saber tanto sobre Prerrománico.
Más fotos del viaje de Mr. Fox en Facebook.










0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada