Con los zorros no tengo ningún problema.Se toman bien tanta fotografía y hasta posan. Las muñecas son bastante coquetas, así que no hay problemas. Y hasta los robots aprovechan para enseñar al objetivo todos sus pasos de baile. Pero los conejos... ¡es que siempre se quedan dormidos!
Y en parte lo comprendo: a los pobres siempre los encargan acompañando a un arrullo de tela suave de algodón y felpa calentita. Y claro, les envuelves en él, preparas la cámara, coges bien la luz, pruebas varios enfoques y... tienes que levantar la vista del objetivo porque comienzas a oir una respiración pequeña y profunda. ¡Y otra vez se te ha quedado dormido en mitad de una foto!
Y nada. Ni destapado, ni boca abajo, ni diciendo su nombre bajito consigues que abra los ojos. ¿Y qué vas a hacer? Al fin y al cabo se va a dejarse querer por un niño, a compartir sueños y siestas, a dejarse arrastrar por el suelo sujeto de una oreja sin decir una sola palabra de reproche. Y, como te enterneces, no le vas a despertar. Haces la fotos. Y hasta quitas el flash para que no sobresalte.
La semana que viene me toca una sesión de fotos con 3 conejos nuevos, ahora sin arrullos. Con un poco de suerte me aguantan lo suficiente para poder sacar alguna de sus enormes ojos abiertos.
- pequeña Lo -






3 comentarios:
No me extraña que se quede fritito... Ese arrullo arrulla! Y además es precioso! Bravo Pequeña, otro gran éxito!
Muchas gracias Loulou. Es que es ver un arrullo y ya les entra sueño.
me encanta tu blog y tus creaciones eres una artista!!!
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